jueves, 27 de octubre de 2016

A vueltas con las elecciones y las presidencias.

Meses llevamos con el tema del des-gobierno de este país. Meses, desde la primera "tentativa", en que no paramos de escuchar quién y quién no ha ganado las elecciones. Bueno, en realidad, de eso llevamos años.
El caso es que nos tienen muy engañados. Y si supiéramos la verdad, tal vez, sólo tal vez, no permitiríamos tanta tontería a cuenta de nuestros impuestos.


El caso es que cuando estudié la carrera, aunque dimos un año de "Derecho Político" (ahora, "Derecho Constitucional") al final te das cuenta de que mucho dato y poca chicha. Y luego escuchas a algunos tertulianos que además de dirigir su cutre periódico, se jacta de ser profesor de Constitucional en una universidad privada, y te encajan las cosas. Los periodistas no tenemos ni repajolera idea de cómo funciona nuestro sistema parlamentario. Y seamos sinceros: la mayoría de nuestros políticos, tampoco. En realidad, para ser diputado no hay que ser ningún lumbrera; sólo tienes que conseguir estar en una lista.


Si a esto le unimos que tenemos más interiorizado el sistema americano que el nuestro, porque de entrada, vemos más cine de allí que de aquí, pues la tenemos liada. Y la peña, en las generales, resulta que vota presidente.


Yo tuve la suerte de quedarme sin trabajo y dedicar unos años de mi vida a la infructuosa labor de preparar oposiciones. Y ahí toda mi formación periodística cuadró en esto del Derecho Político. Por eso me rechinan las informaciones y los manejos torticeros de situaciones políticas que deberían ser mucho más sencillas y tener mucha menos repercusión en el funcionamiento de un país, si no fuera porque la peña está muy preocupada de tener poder, y no tanto de hacer que la maquinaria funcione.


Antes de nada, os voy a pedir un favor: ved este vídeo, que es genial. Es un poco largo, sí, pero absolutamente clarificador:




Vale, ahora voy yo. Pero no creáis que lo que voy a decir, me lo invento, ¿eh? Todo, todito, todo, está en nuestra Constitución. Concretamente en el Título III (de las Cortes Generales) y en el Título IV (del Gobierno y la Administración).


Una de las primeras cosas que me llamó la atención en la primigenia campaña electoral (digo primigenia porque fue la primera de esta nueva era de líos y partidos, en diciembre de 2015) fue la tontería que dijo Albert Rivera cuando Pablo Iglesias se hizo una foto, el día de la Constitución, en el sillón destinado al Presidente del Gobierno. Dijo algo así como que él no se iba a hacer una foto ahí, porque había que respetar al ciudadano que es quien elige al presidente. Y digo yo, si este señor se piensa que vivimos en Estados Unidos. O a lo mejor todos lo creen, y por eso en las elecciones, se comportan como si, en lugar de a cortes, fueran a la presidencia del gobierno.
Y aquí conecto con el vídeo: NADIE GANA NI PIERDE LAS ELECCIONES, PORQUE NO SON PARA ELEGIR PRESIDENTE, SINO PARA PODER CONFIGURAR UNA CÁMARA COMO REFLEJO, MÁS O MENOS FIEL, DE LA SOCIEDAD QUE HA VOTADO.


El artículo 66.1 de la constitución dice:
Las Cortes Generales representan al pueblo español
Es decir: la soberanía nacional, reside en las Cortes Generales, en ambas cámaras. Soberanía Nacional. El pueblo, (la nación) es el soberano. Es el que manda. Las Cortes Generales son la institución del estado que manda. ¿Y cómo ejerce ese mandato? Pues a través de la Potestad Legislativa. Una nación, necesita una institución que redacte leyes para poder funcionar. Por eso es muy importante tener claro esto.
Cada vez que alguien de algún partido político dice que ha ganado o perdido unas elecciones a Cortes, un hada muere en algún sitio. Bueno, no. Pero a mi me da migraña.
Si el PP tiene el 30% de la cámara, es porque el pueblo ha decidido que la derecha esté representada en un tercio; vamos, que sólo un tercio de las personas que fueron a votar ese día (que no es ni mucho menos el conjunto de las personas que tienen derecho a votar) querían estar representadas por el PP. El 60% dijo que quería estar representado por una opción política nacionalista y/o de izquierdas. Y el 10% dijo que Ciudadanos. Pero todo esto es sólo cómo queremos que se configure una cámara que tiene que hacer leyes, y por lo tanto, más nos vale que más o menos se hagan como la mayoría queremos. Y la mayoría no puede ser un 30%.


¿Y entonces por qué todo el mundo quiere ser presidente?
Pues porque primero, nos hemos creído lo de las presidenciales de EEUU, y luego, como los políticos, muy listos ellos, polarizan el voto (nos hacen creer que la única opción posible es votar a una de las dos opciones hasta ahora mayoritarias) en nuestra cortísima vida como Democracia Parlamentaria ha habido mayorías tan evidentes que el presidente y su gobierno eran elegidos enseguida por unos diputados que iban a reflejar exactamente lo que ese gobierno quería que se viera reflejado.
Pero no es así.


¿Quién elige entonces al presidente?
Pues nosotros NO. La elección de Presidente de Gobierno es una cuestión que compete a la Cámara de Representantes, en nuestro caso, el Congreso de los Diputados.
Y aquí hay algo que os va a hacer alucinar: no hay ningún sitio donde ponga que el presidente del gobierno tenga que ser miembro de la cámara o de algún partido político.


El artículo 99.1, dice:
(...) El Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.
2.- El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara.


¿Y esto qué significa?
Pues que cualquier ciudadano que cuente, a priori, con la confianza de la cámara, puede ser presidente del gobierno. Cualquiera. Lo que pasa es que, lógicamente, los representantes de los partidos con representación, le dirán al Rey que el más guay es el suyo que está ahí, porque además puede cobrar dos sueldos, y eso es chachi.


¿Y por qué es así?
Pues porque el Gobierno no manda una mierda (en principio), sino que sólo administra. Representa al poder Ejecutivo. Vamos, que en teoría, el Congreso le dice "mira, una ley. Componte para ver cómo se aplica", y entonces el Presi dice "Amén". En la teoría, claro.
De momento, fijaos: ¿cómo se llama el Título dedicado a esto? Pues "Del Gobierno y la Administración". ¿Y por qué? Pues porque los Ministros, y el Presidente  son la cabeza de la Administración Pública. Funcionarios, hijos míos. Con sueldos de escándalo, pero simples funcionarios. Y entonces, ¿por qué se comportan como si fueran los putos amos? Pues porque si se comportan así, y niegan en redondo que son mierdecillas, al final la peña se lo creerá, y pensará que esto es como en las pelis americanas, y eso es un chollo.


Pero bueno, entonces el gobierno, ¿no hace las leyes?
Bueno, a ver, alguna hace. Pero sólo las elabora. Tiene tres formas de hacer leyes: una es por mandato expreso de la Cámara. En plan:
"Mira, majete, que queremos hacer una ley sobre el tamaño de las pajitas para cocacola, pero como somos muchos no nos ponemos de acuerdo, y además, tú tienes técnicos y te tienes que ganar el sueldo. ¿Nos la redactas? Cuidado, porque luego, nosotros la tenemos que aprobar, ¿eh? No te vayas a subir al guindo."
Claro, si el partido de Gaviotas Unidas ha tenido la mayoría absoluta de la Cámara, pues todo esto se confunde. El mismo partido que está en el Gobierno le dice al Gobierno que haga algo que como es el mismo partido ya sabía que quería hacer, y lo hace como le da la gana, pero como son los mismos que tienen mayoría en la cámara... No sé si me explico.
Otra sería justo al revés; el Gobierno dice:
- "Mirad, majos, que estábamos ahí en Consejo de Ministros y se nos ha ocurrido que quedaría mega chuli que las pajitas de la cocacola fueran todas a topitos, ¿qué os parece?"
 Y entonces el Congreso puede decir:
-"Venga, va, mola"
 o
- "Ahí te has pasao bacalao, las pajitas mejor a rayas, como siempre".
He de decir que así mismo pueden proponer leyes las comunidades autónomas y los ciudadanos de a pie (espera, que me descojono).
La tercera: bueno, esta no es una ley, pero tiene la misma fuerza, y son los Reales Decretos. El Gobierno, ante una cuestión urgente y necesaria, hace la ley y la manda cumplir, y después, así más tranquilos y relajados, se lleva la cuestión al Congreso.
Y el inciso: la redacción de los famosos Presupuestos Generales del Estado, que parece que nos tiene que dirigir la agenda política los putos presupuestos, cuando ya hay herramientas previstas para casos como este, y el mundo no se acaba. Pero es una redacción, porque como es una Ley Orgánica, necesita que el Congreso los ratifique por mayoría de 2/3. Y ahí está el temita. Las pelas. Aquí entra la famosa "ingobernabilidad".


Tú imagina:
Como has conseguido en una elecciones que no te lo creías ni tú, una representación parlamentaria mucho más que cualificada (los 2/3), resulta que te has ido a hablar en español con una tipa alemana y os habéis entendido perfectamente bien en el tema "nos vamos a forrar a costa de estos pobres incautos", y has hecho promesas
 a cambio de un mantenimiento absurdo de un poder descomunal, que sólo puedes cumplir si tienes control absoluto sobre los presupuestos. Y sabes que lo tienes, porque tu partido tiene una representación parlamentaria que te permite hacer lo que te dé la gana porque los van a aprobar seguro. Recortas, pones de un sitio, tus amigos van de lujo, las empresas genial y tal...  Y de repente hay otras elecciones y ¡ups! tienes que negociar con gente que sabes, no están de acuerdo con ese reparto de dinero, y ya te dieron el no antes. Primero, ni te presentas, porque vas  a perder y que el marrón se lo coma otro. Y luego, pues mira, con un poco de paciencia y recordando a algunos de esos que en principio iban a decir que no a todo, de que ellos se quedan sin su cacho de pastel, pues ahí estamos.




¿Entendéis ahora el tema? ¿Veis por qué me cabreo con la tomadura de pelo?
Espero que a partir de ahora, cada vez que oigáis eso de "ganar o perder las elecciones" os entre migraña, como a mi. Pero no me guardéis rencor.