miércoles, 21 de diciembre de 2016

A vueltas con el buenismo y el buen rollo

Hace unos años a mi hija mayor alguien le regaló "El Secreto para jóvenes".
Se trata de una versión para adolescentes, del libro El Secreto, de Rhonda Byrne.
Os pongo lo que dice de él su entrada de la wikipedia, para que veáis de qué palo va.
 Los proponentes afirman que los resultados deseables, como una mejor salud, riqueza y felicidad, pueden ser atraídos simplemente cambiando los pensamientos y sentimientos de uno. Por ejemplo, algunos proponentes creen que usar "el secreto" puede curar el cáncer. Sin embargo, no hay ninguna justificación científica para tal afirmación.
Por supuesto que no hay justificación científica, nos ha jodido.


La corriente de pensamiento de la que se nutre El Secreto, como tantas otras teorías del palo, tiene su raíz en la filosofía de los primeros protestantes europeos. La nueva burguesía adinerada del norte de Europa propugnaba que el status económico que una persona alcanzaba en la tierra era la demostración divina del favor de Dios. Así pues, los burgueses ricos sabían ya de antemano que iban a ir al cielo, mientras que los pobres estaban viviendo su propio purgatorio. Vamos, que algo habrían hecho.
Ahora mismo, se trata de corrientes que están plenamente insertadas en el capitalismo más salvaje, defendiendo la inagotabilidad de los recursos del planeta. Es decir: los recursos naturales y económicos que la humanidad tiene a su alcance son infinitos, y para poder sacar todo su potencial sólo hay que desearlo mucho (tener mucha ambición) y trabajar muy duro. Además, si consigues, a través del pensamiento positivo, una buena conexión con el universo, también tendrás una salud que te cagas, porque las enfermedades son todas, toditas, todas, consecuencias del mal rollo que tienes tú en tu cabeza.
La suerte, el azar, la vida independiente de nosotros, como veis, no existe.


Inciso, que ya sabéis que a mi los incisos me gustan mucho:
Por supuesto, si quieres algo, lo mejor es que te pongas a ello, porque muy pocas cosas en la vida pasan porque sí. Hasta para que te toque la lotería tienes que empezar por comprar un billete. Si tienes un trabajo, tu obligación no sólo laboral, sino ética, es llevarlo a cabo lo mejor posible, y desde luego, si quieres ascender tendrás que demostrar tu potencial (o lamerle el culo al jefe, pero algo), y si no haces tu trabajo, es posible que te despidan. Vamos, que no estoy diciendo aquí que hay que esperar a que te llueva la fortuna, porque no funciona así.


Vale.


¿Qué consecuencias tiene entonces creerse a pies juntillas este buen rollito de las energías positivas?


Pues para empezar, desde ya te digo que a base de buen rollo, si tienes un cáncer, no te curas. A veces no te curas ni con el tratamiento. Y para un enfermo de cáncer (por poner el ejemplo de la wikipedia) oír un día sí y otro también lo de la "batalla contra la enfermedad" o "perdió/ganó la batalla" jode que no veas. Porque parece ya, a base de estas cosas, que el que se muere de cáncer es porque no ha deseado suficientemente o no ha luchado con todas sus fuerzas para curarse. Y mira, no. Es que hay veces que todo se conjuga para que lo peor que pueda pasar, pase.
En cuanto al éxito personal, pues depende de en qué lado estés. Si estás en el lado del que observa, quizás habiendo triunfado, al que se estrella, pensarás que o no es lo suficientemente ambicioso, o no es lo suficientemente trabajador. Vamos, que o es un triste o un vago. Porque si fuera ambicioso y trabajador lo hubiera conseguido. Y se lo harás saber, eso seguro. De una forma u otra. Porque el juicio se ve en los ojos que te observan.
Y si estás en el lado del que lo intenta y fracasa, te sentirás aún peor, y no podrás analizar objetivamente qué ha ocurrido, porque simplemente la culpa es tuya, que eres tonto o vago; o un flojo, porque estás reventado y aún así está claro que no has trabajado lo suficientemente duro.
Y lo que ocurre, sin más, es que unas veces ganas y otras pierdes, pero hay que intentarlo. Y de las veces que pierdes, si eres consciente de que no todo depende de ti, podrás sacar información suficiente para poder volver a intentarlo.


Y otra cosa que me jode del buenismo este del buen rollo y la conexión religiosa con el universo:
Soy borde, tengo derecho a serlo, no tengo por qué estar en modo zen todo el puto día, y mi puto mal humor cuando me frustro o me enfado no va a hacer que las cosas me salgan aún peor.
Porque otra cara de la moneda de este buen rollismo absurdo, es la aparente obligación que tenemos todos de estar permanentemente de buen humor, no enfadarnos nunca para que el universo no se enfade y no deje de enviarnos cositas buenas. Y entonces nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de sentir todo un abanico de sentimientos no positivos, pero que son nuestros: el duelo, la tristeza, la rabia, son sentimientos humanos y debemos poder vivirlos. Y al universo que le den.
Porque la parte más turbia del buen rollismo, es la de culpar también al que está deprimido de su propia depresión. La de no poder vivir nuestros procesos de duelo, o nuestras frustraciones.


Y queridos, estos que todavía pensáis que las enfermedades son mala vibra corporal que tenemos, no os podéis imaginar la de úlceras de estómago que se evitarían si la peña pudiera mandar a la mierda a alguno por ahí libremente.


Por cierto, que mi hija, con muy buen tino, lo primero que mandó a la mierda fue el puto libro.