miércoles, 18 de enero de 2017

A vueltas con la vida

Os voy a enseñar algo. Una tontería, ya sabéis. De esas que comparto a menudo.




Este cartel apareció, o mejor dicho, re-apareció, como todo en la vida. Cuando dejas ir un ciclo, éste te devuelve su principio.


En el año 1969 mi padre hizo pintar ese cartel. En el local al que el cartel nombra, una habitación de apenas 20 metros cuadrados, mi padre pasó horas y horas entre secadores, navajas, tijeras y champúes. El es Nano el Peluquero. O lo era.


A finales de los 70, mi padre acometió la única reforma que hizo al local, y ese maravilloso cartel pintado quedó oculto por un "moderno" neón que decía lo mismo, pero con más luz.


En 1996 su diabetes le pasó la primera factura grave: una isquemia coronaria severa estuvo a un tris de llevárselo a la tumba.
 Esa fue la primera vez que nos despedimos de mi padre.
 En mayo de ese año le trasladaron de urgencia a Madrid para someterle a una operación que, aunque ahora se hace por microcirugía, entonces se practicaba a corazón abierto; consiguieron ponerle 3 de los 5 bypass que tenían previstos en una operación en la que tenía el 50% de posibilidades de sobrevivir; las mismas que de que te salga cara cuando tiras una moneda al aire. Y salió cara.
Recuerdo que unas horas antes de la operación la situación era tan grave que apenas podía moverse, ni hablar, sin quedar extenuado. Y que un par de horas después de la cirugía, en la UCI y todavía con la extra corpórea, gritaba a su compañero de habitación "!!!!Chiquitín, estamos vivos!!!!"
Pero ya no podía volver a hacerse cargo de un negocio. Sobrevivió. En realidad, "renació", pero su estado de salud hacía imposible que su cuerpo aguantase 10 horas de pie, el estrés del "no llego", el cansancio del trimestre... Ya no más. Y le traspasó su querida peluquería, la que le había costado noches enteras sin dormir, al que había sido su aprendiz y luego su ayudante. Y él sustituyó el neón de Nano por su nombre.


El caso es que la sensación no era de que ya no había peluquería. Sólo que no estaba él cortando el pelo; pero en realidad seguía siendo "Nano Peluquero". Incluso cuando Juan Carlos, el "heredero", hizo una nueva reforma al local para adecuarlo un poco más a su modo, y a los nuevos tiempos. Nano seguía estando allí.






Ahora Juan Carlos se ha ido a otro lugar. La propietaria del local, como tantos otros pazguatos propietarios de este país que se empeñan en no darse cuenta de lo que es la crisis y siguen aumentando alquileres, cada vez queriendo más dinero por lo mismo, le dijo que estaba cobrándole poco. Y simplemente se fue a un local mejor situado y más grande por el mismo dinero; un local que ahora ya, es sólo suyo.


Desapareció aquel neón, y volvió a verse lo que fue. Nano Peluquero. Así, pintado a mano, como se hacía antes.
Volvió a ser lo que fue durante tantos años, igual que mi padre está volviendo a lo que fue, perdiendo poco a poco lo que es.


Hoy me ha preguntado por qué su hermano hace tanto que no le llama. Ese hermano que murió hace 5 años.