miércoles, 15 de marzo de 2017

A vueltas con las evaluaciones y los estereotipos

Llevo unos días dándole vueltas a este tema, y preguntándome si le debería dar vueltas aquí, o debería seguir en mi cabeza. Más que nada porque es un tema recurrente en este blog, y me vais a decir que soy una pesada.
Pero una vez más, queridas y queridos, el blog es mío, así que seré pesada.

Desde el principio de este blog hablaba de que mi hija mayor tiene una evaluación positiva en Altas Capacidades Intelectuales; siempre pensé que era ella la única, y que me iba a librar de otro viaje en este mundo de los niños superdotados. Pero no. A mi hija pequeña le ha llegado esa misma valoración hace unas pocas semanas.
Tengo que confesar que "no lo vi". La evaluación se pidió porque quien sí lo vio fue mi hija mayor, y bueno, dado que sin lugar a dudas, ella sabe más, por intuición y afinidad, que yo de estos temas, le hicimos caso.

Es curioso que cuando un padre (bueno, voy a hablar de nuestro caso concreto, claro) pide una evaluación al equipo de orientación de un colegio, venga por donde venga el aire, por la derecha o por la izquierda, no lo hace por nada. Los padres de un niño con dificultades que se deciden a pedir una evaluación al respecto, no lo hacen para que les nombren la dificultad, ni para despertar las simpatías o la conmiseración de los otros padres en el parque. Lo hacen para que, una vez descubierta y nombrada la situación, se puedan llevar a cabo todas las actuaciones posibles encaminadas a que su hijo desarrolle su máximo potencial. Cuando quien pide la valoración es un padre que sospecha que su hijo pudiera ser superdotado, creedme, lo hace por lo mismo. De hecho, (e insisto, sigo hablando por mi) se suele tardar en hablar del tema, y se siente cierta vergüenza al decirlo en público. La conversación en nuestra cabeza, es algo así:

- Pues mi niña es superdotada
- Piis mi niñi is sipirditidi. Ñiñiñiñiñi

No sé si me explico.

Y desde luego, no pedimos una evaluación para que el equipo docente exija más a nuestros hijos. Y ahí empezamos con los estereotipos.
Porque entre nosotros, y hacia fuera, hablamos mucho y nos quejamos de los profesores que "no lo ven" y te hacen la vida imposible porque como ellos "no lo ven", es que no es y tú eres una exagerada ("Piis mi niñi is sipirditidi. Ñiñiñiñiñi"). De eso hace no mucho escribí, solidarizándome con una compañera de fatigas que quebró en una conversación con un profesor. La frustración cuando tú sólo quieres que tu hijo sea feliz y pueda acabar sus estudios de manera satisfactoria, y la cerrazón de algunos con los puñeteros estereotipos hacen que todo se vaya a la mierda.

Pero hay otro tipo de profesores que tienen también tela, y que hacen a los niños víctimas de los mismos estereotipos pero en otro sentido. En lugar de decir que los padres, el psicólogo, el orientador y todo el mundo están equivocados, tratan de hacer encajar a golpe de castigo, riña o voz, a ese niño rebelde, en el puto estereotipo. Es el profesor de matemáticas de 2º de Secundaria que le dijo a mi hija Laura que si suspendía su asignatura, con la evaluación hecha de AACC, era porque quería suspender. No importa que la niña le preguntase en qué universo conocido o por conocer, si alguien puede elegir entre un aprobado y un suspenso, elige un suspenso.
Y esta semana, ha vuelto a pasar, pero no con la mayor, que ya los tiene a todos más o menos "domados", sino con la peque. Que a alguien le costaba que la niña no encajara en el perfil. Que tiene que ser brillante, y hacerlo todo, no de 10, sino de 15, y hacer unos cuadernos que ya querría para si María Moliner.
Lo positivo del caso: una vez explicado, ha admitido que "pensaba que un niño tan capaz era así", pero ha reconsiderado la cuestión, ha entendido que precisamente estos niños "tan capaces" tienen dificultades. A veces, incluso, de comprensión.

Mi hija mayor lo llama "neurodivergencias". Si empleas caminos neuronales distintos a los de la mayoría para adquirir conocimientos, hay veces que encajar en las exigencias de un determinado sistema, cuesta mucho. Vamos a entender que tal y como están las cosas, es muy complicado para un profesor con la carga de alumnos y de singularidades que tiene en el aula, dejar que cada uno de esos niños investigue sus caminos neuronales para que aprenda a su ritmo y a su manera. Pero si eso no es posible, entonces lo que sí tiene que serlo es prestar ayuda para que entiendan el camino correcto, cuál es el lugar al que tienen que llegar; ayudarles a establecer prioridades, a que entiendan por qué esa prioridad que les marcas es la que deben establecer en ese momento y no otra.

Porque hay una cosa que sé de primera mano (no vivo sólo con dos hijas superdotadas, sino que hay más de esos en mi vida): el niño con unas altas capacidades que es capaz de integrarlas en su vida y usarlas para su propio desarrollo, se convierte en un adulto eficiente y brillante; pero el que ha vivido su niñez y su adolescencia pensando que su cabeza no estaba bien porque no veía lo que para otros era obvio, entre toda la maraña de pensamientos y opciones que se planteaban en su mente, puede terminar siendo un adulto con dificultades para desenvolverse.
Y mira, como madre, mi única función en el mundo, es dar a mis hijas las herramientas adecuadas para que se desarrollen en adultas felices y capaces. Y para eso, necesito que sus profesores entiendan esto.

Espero conseguirlo algún día.