miércoles, 29 de marzo de 2017

A vueltas con los estudios

Os presento a Laura. Tiene 14 años y va al instituto, a 3º de ESO.


Cariño, sé que lees esto, así que sé que me vas a matar, pero es que tengo que contextualizar, entiéndelo.

Bueno, el caso es que por coincidencia de horarios, voy en el bus con ella cada día de vuelta del instituto. Un bus, que por cierto, va petado de gente, porque recoge a decenas de adolescentes recién salidos de clase. En él comparto el espacio y las conversaciones con mi hija y sus amigos, la mayoría de los cuales están en 4º. Es muy interesante. Muchos profesores de secundaria deberían hacerlo también. Conocer a sus alumnos fuera de clase, y escucharles de verdad. Ayer yo simplemente, flipé.

Estamos acostumbrados a que Laura haga verdaderos maratones de estudio y de trabajos. Es muy perfeccionista y tiene un nivel de auto exigencia considerable, así que le dedica al día entre 2 y 3 horas, la mayor parte de las cuales están ocupadas  por los deberes (mierda de deberes, de verdad, es que los odio), y el resto, si puede, al estudio para llevar al día las asignaturas. Por supuesto, para ella eso tiene una recompensa, y sin ir más lejos, esta mañana me llamaba en el recreo para decirme que tenía un sobresaliente en mates. Yo sigo sin entenderlo. A ver, que me hace feliz el sobresaliente, porque sé que a ella le hace feliz, pero que me la suda.
El caso es que Laura tiene un montón de inquietudes. Empezó Italiano en la Escuela Oficial de Idiomas, y lo ha tenido que dejar, le encanta la música, el canto, el baile, ... Pero no puede satisfacer esos intereses porque no le queda día. Bueno, a ver. En casa estudia piano a su ritmo, canto a su ritmo, guitarra a su ritmo. Pero no puede ir a clases porque no puede dedicar el tiempo regular que requiere una disciplina a la que, por otra parte, se sometería con gusto.
Un día nos dijo que el Instituto impide la vida. Y jode, pero es verdad.

Voy a lo de ayer.

Después de un viaje en el que yo trataba de decirles que un número es un número, que da igual, que vivan, una de ellas, 15 añines, me decía que estaba muy cansada porque se había levantado a las 6 de la mañana y al día siguiente lo volvería a hacer. Por la tarde apenas les da tiempo a terminar todas las tareas, y el tiempo de estudio se lo arrancan al sueño. Es cierto que estoy hablando de alumnos preocupados por su expediente, niños con notas brillantes. Pero lo son porque han sentido la presión de serlo. Es necesaria esa nota para estudiar lo que ellos quieren, para ser lo que ellos quieren. Se están quedando sin algo que no van a recuperar, y los adultos de su entorno les refuerzan diciendo que lo deseable es eso.

Y desde aquí os voy a decir algo: no es cierto.

Cuando yo tenía vuestra edad (en el Pleistoceno) se nos decía que si teníamos un buen expediente académico y estudiábamos una carrera, seríamos Capitán General con mando en plaza. Y este país, por esa regla de tres, está lleno de capitanes generales con mando en plaza de mi generación. Y de peña que se come los mocos en su plaza, también. Licenciados mal pagados, gente que se sacó su carrera y trabajan de vete tú a saber, si trabajan...
Sí es verdad que hay algún área altamente especializada en el que es necesaria una buena formación académica; es cierto que a esa formación se accede con esfuerzo, aunque como os están desmontando el ya precario sistema, probablemente otro con más dinero y menos méritos tenga más posibilidades que vosotros. 
Pero también es verdad que en el resto de áreas, el sistema está desapareciendo, se está desintegrando. Las grandes empresas de la información, de internet, incluso de informática, ya no buscan licenciados brillantes, sino gente brillante. Buscan entre los youtubers, incluso entre los perfiles de vuestras redes sociales jóvenes inteligentes, avezados, creativos. El sistema laboral, las profesiones, están cambiando en objetivos y en sujetos, pero eso no os lo dicen en el instituto. 
Seguís inmersos en el mismo paradigma que nos parió a nosotros, y que ya entonces se mostró obsoleto. Un paradigma que, de facto, ha desaparecido hace décadas, y nos negamos a verlo; y lo que es peor: os tapamos los ojos para que vosotros tampoco lo veáis. 
Vivid. Atesorad vivencias buenas, malas, regulares. Conoceos a vosotros mismos y sed quienes queréis ser, y luego, ponedlo en práctica.
Porque además, si vuestros planes no salen como esperabais, nadie os va a devolver eso. Nadie os va a devolver una tarde de ocio con los amigos, ni una gamberrada a tiempo, ni unas risas porque no hay nada que hacer. Nadie os va a devolver el pavo, ni los primeros amores, ni los juegos absurdos. 
Y luego a lo mejor, os convertís en padres de ese adolescente al que veis, y os encontráis escribiendo esto dentro de 30 años.