jueves, 30 de marzo de 2017

A vueltas con nuestras cargas

De verdad que el ser humano no deja de sorprenderme. Que guay, ¿eh? El día que pierda la capacidad de sorpresa, es que estaré muerta o algo. Pero vamos, que de vez en cuando molaría que la sorpresa fuera para bien.

Hace poco publicaba yo una entrada en la que decía, entre otras cosas, que tenemos poco de lo que enorgullecernos, los herederos de la EGB. ¿Os acordáis? Trajo tela, la entrada. Se titulaba A vueltas con la educación y nuestra responsabilidad en ella, y aquí os saco un párrafo, porque hoy le voy a dar vueltas a estas palabras:

Somos los obreros que nos negamos a reconocernos como tales. Somos los inventores (o los facilitadores de la invención, porque nos la hemos creído) de la "nueva clase media", que ni siente ni padece. Somos los que damos de comer a Belén Esteban y a toda su recua. Somos los padres de los chavales que salen en "Hermano Mayor", los que llamamos a la "Súper Nany" y compramos libros a Estivil. Madre mía, ¡somos los que hemos votado la mayor contra reforma económica, laboral y educativa desde el franquismo! ´
Así que admitámoslo: 


HEMOS SALIDO TONTOS DEL CULO. Unos tontos del culo egocéntricos y egoístas, además. Que queremos vengarnos en nuestros hijos de lo mal que lo pasamos nosotros en el colegio. Vamos, la teoría de las novatadas: como a mi me jodió, cuando lleguen los novatos me voy a ensañar con ellos igual que se ensañaron conmigo.
Y como además buscamos la recompensa inmediata, y queremos creernos guays nos encantan los profesores que hacen lo de siempre, porque así lo hicieron con nosotros, pero que también nos pongan a nosotros de protas de la educación de nuestros hijos. Bienvenido Onán.

En nuestra época, el horario del colegio era de jornada partida. Una mierda. Me pasé la infancia yendo y viniendo del colegio, haciendo de serpa de libros y cuadernos. Cuatro viajes al día.
Yo salía del colegio a las 5 y media de la tarde, tenía una hora de extra escolares, llegaba a casa, merendaba, me duchaba y me ponía a hacer deberes. Había días (muchos, que estudié en colegio de monjas y la peña se pensaba entonces que a más tarea mejor era el colegio) que estaba haciendo deberes hasta la hora de la cena, y un ratito más después de cenar, hasta la hora de acostarme. Al final del día, no había hecho otra cosa: levantarme, prepararme para el colegio, acarrear libros, repetir la misma mierda 3 horas, volver acarreando libros, comer, preparar una nueva mochila, volver al colegio acarreando otros libros, otra vez más mierda otras dos horas, la extra escolar de turno, de nuevo a casa a seguir con los deberes, la cama y otra vez vuelta a empezar. Muy bonito todo.
Cuando me hice mayor y tuve a mis hijas, bueno, llamadme loca, pero no quise ni por lo más remoto que su vida fuera así. A ver, que sí, que tuvimos unas infancias felices, de puta madre y tal, que podíamos jugar en la calle y no teníamos maquinitas que era todo mucho más chachi pistachi. Los fines de semana, con suerte; si a la monja de turno no se le había ocurrido que como había dos días, mejor ponía más deberes para que no nos aburriésemos. Y en verano, "Vacaciones Santillana".
Lo primero que hice fue asegurarme de que enviaba a mis hijas a un colegio donde todas las clases fueran seguidas, para que pudieran tener la tarde libre. Para que pudieran jugar aunque no fuera ni sábado ni julio.
No dejaba de sorprenderme las personas que optaban por colegios concertados, no porque pensaran que eran mejores o porque quisieran una enseñanza religiosa, sino para que sus hijos tuvieran la misma mierda de horarios que ellos. Que sí, que hay que trabajar y tal, que es una putada. Pero que te digan que es mejor así, que se nota que los niños de jornada intensiva tienen menos horas de sueño y van más cansados, es hacerte comulgar con ruedas de molino.
¿Y cuando se te escapa el comentario de "pobrecitos cómo va la mochila", y alguien te dice "bueno, nosotros también íbamos así y no pasa nada"? O sea un "se jodan" en toda regla. Bueno, yo en ese momento vuelvo a la realidad y no sigo la conversación, porque es inútil. Pero para empezar, ellos van más cargados, porque nosotros llevábamos 3 libros y cuadernos por la mañana y 2 por la tarde, y ellos llevan 5; y a partir de 1º de Secundaria (nuestro 7º de EGB, en el que teníamos las mismas 5 horas que el resto de EGB) tienen 6 horas, y por lo tanto, 6 libros con sus respectivos cuadernos. Y en todo caso, ¿de verdad está guay que no se avance NADA en 30 años?
Y ya cuando hablamos de deberes, nos peta la cabeza. Porque si se me ocurre decir que los niños tienen derecho a vivir, que tienen ahora más carga de deberes que nunca, que terminan los deberes a la misma hora que los terminaba yo, y entonces nos poníamos más tarde, entonces también hay quien entona otro "que se jodan".
Porque no nos engañemos.
Cada vez que decimos "bueno, que nosotros también estábamos así y no pasa nada" es un "¡Que se jodan!" en toda regla.
Pues no sé. A mi me debieron de educar fatal. Crecí oyendo decir a mis padres que siempre queremos para nuestros hijos, una vida mejor que para nosotros.
Igual estaban equivocados.