lunes, 3 de abril de 2017

A vueltas con los deseos

Ya digo que a mí mis pérdidas me llevan siempre a un momento de profunda reflexión; a veces, esa reflexión me lleva a cambiar mi vida, otras, mis expectativas, otras mis formas de mostrarme. O todas en diversas proporciones.
Me cuesta colocar mis duelos, vivirlos, porque mi cabeza y mi alma se llenan de cosas que ni sabía que existían. Es como si mi mochila se vaciase sola, y me viera obligada a recolocarla, quitando cosas, cambiando de sitio otras y añadiendo otras nuevas.
El caso es que ahora todo lo vivido me ha llevado a volver a plantearme el respeto. Los límites del respeto.
Quiero decir:
Me habéis leído muchas veces que las cosas y las ideas no merecen respeto, pero las personas sí. Hay quien está de acuerdo con esta afirmación, y hay quien dice que todo merece un respeto. Nadie se atreve a dejar por escrito que las personas no merezcan respeto (aunque esto yo también lo puntualizaría, pero eso es harina de otro costal). Yo estos días lo que me cuestiono es si existe una caducidad en esto del respeto. ¿Cuánto tiempo pasa desde que la persona desaparece hasta que podemos dejar de respetar sus deseos?
Una suposición:
Mi marido es ateo. Ha dejado dicho en muchas ocasiones que él no quiere que se le hagan ceremonias religiosas (de ninguna religión, vamos, ni la católica ni ninguna otra); en casa sabemos que cuando fallezca, haremos una ceremonia laica en la que no tendrá cabida la religión. Eso nos asegura que tanto en el día de la muerte como en los dos o tres días siguientes, nadie le "ofrecerá" una misa, ni un funeral religioso ni nada. Sin embargo, tiene amigos y familiares con unas profundas ideas católicas. ¿Tienen derecho esas personas a decidir "ofrecer" una misa por su alma a la semana, o al mes o al año? O lo que es lo mismo, ¿cuándo deja de ser importante el deseo de una persona?
Habrá quien lea esto y piense que es una indirecta. No, no lo es. Vamos, yo no he usado las indirectas en mi vida, ese es uno de mis grandes problemas. Es una reflexión real. Porque esta pregunta me ha tenido muy enfadada por muchas cuestiones, y ahora cribando enfados, me doy cuenta de que algún razonamiento quizás ha sido injusto, aunque otros tengo claro que no lo son.
Veréis. Para mi, cuando se ama a una persona (otro día explicaré por qué yo no quiero a la gente, amo a las personas, como el Principito) sigues teniendo presente tu esencia. No creo en dios (en ninguno) ni voy a creer en ninguno en ningún momento, y por lo tanto, no creo que resucitemos en ningún sitio, pero sí creo que nuestra esencia está en las mentes de las personas que nos han amado, porque no se puede dejar de amar a alguien sólo porque haya muerto.
Digo, que cuando amas a alguien, y por lo tanto, sigues tendiendo presente su esencia, ese respeto se extiende hasta que tú mismo mueras. Así, la caducidad del respeto viene determinada por tu propia existencia. Le tienes en cuenta, le piensas, y sabes que esos deseos también forman parte de lo que de él o ella habita en tu mente. Por eso te guardas tus propias creencias para poder respetar a la persona que ya no puede contradecirte.
Pero claro, es sólo una opinión. La mía.