jueves, 4 de mayo de 2017

A vueltas con la felicidad

Pues estoy aquí, fregando en la cocina. Hoy Javi llega tarde y me toca.

Oigo de fondo a Diana viviendo una aventura alucinante en mi habitación, luchando a muerte contra malvados monstruos, encima de mi cama. Se me va la sonrisa, porque lo hace... en japonés "inventado". Le ha dado por ver animes en Netflix, y lo hace en versión original con subtítulos, así que se lleva a sus aventuras el sonsonete japonés. Es la caña.
Paro un momento y busco otro sonido. Ahí está. Laura está entrenando la voz, buscando técnicas nuevas para aportar nuevos modos. Ahora ha chirriado un poco. Se ha dado cuenta, la oigo parar. Vuelve a empezar. Ahora sí, ahora lo borda.

Llevamos una temporada muy mala. Cuando cuidas de alguien con múltiples patologías, todas ellas degenerativas, hay momentos de bajón que son muy duros. Estamos todos muy cansados de una carrera de fondo que dura ya más de dos años y que no sabemos cuántos más va a durar. Como hija, es duro ver a tus padres atravesando esa situación.
Y no sólo.
Como hermana veo también las preocupaciones de mis queridos hermanos (hermano y cuñada), y encima ahora Nacho se ha roto un brazo, para mejorar la cuestión.
Y el negocio, que este año ha dado un bajón, y estamos precarios de cojones.
Y la lucha con las hijas. Con Laura estamos en ese punto en el que tienes que dejar que luche ella; como madre ya lo he hecho todo, y tengo que apartarme. Y eso genera mucha ansiedad.

Diana ya no hace ruido. ¡Ay, madre! Voy a ver sin que me vean. Ahí está, acostada en mi cama (¡cómo no!) leyendo un libro. Se lo han prestado en el cole; es una adaptación infantil de Los Viajes de Gulliver. Mira que no suelen gustarme las adaptaciones, pero reconozco que con este libro, el cole ha acertado de pleno.
Vuelvo a la cocina y oigo a Laura que sale de su habitación. Va a buscar la guitarra. Terminó la hora de canto y se pone con la guitarra. Está estudiando, mejorando sus bajos cuando hace punteos. Le cuesta, pero ha descubierto que hay canciones que quedan mucho mejor marcando los bajos. Empieza a tocar. Me encanta.

Estoy muy cansada. Mucho. Más de lo que mucha gente se cree. Procuro ir con una sonrisa por la vida, pero hay veces que es complicado mantenerla. Pero hay momentos. Minutos. No tienen nada importante. Son rutina en mi día.

Esos minutos, son la felicidad.