viernes, 12 de mayo de 2017

A vueltas con las opiniones y los respetos

Hace unos años, una mujer a la que quería (y sigo queriendo, aunque haga mil años que no la vea) se sorprendió de que yo, que estoy todo el día con la palabra "respeto" en la boca, publicase cosas que claramente suponían una falta de respeto a otras opiniones. Ese día fue la primera vez que intenté explicar que las opiniones no merecen ningún respeto. Ni las mías ni las de nadie. Pero poca gente me entendió entonces, y menos aún me siguen entendiendo ahora.

Cada vez que digo que la religión (la que sea), las ideas políticas, las opiniones varias y demás cosas que salen de las bocas y las teclas del personal no son respetables, hay alguien que explota en algún sitio. Pero es que a mi me cae de cajón. Lo que debería ser respetable son las personas. Y eso siempre con excepciones. Quiero decir: aunque no respete la religión católica (ni, como he dicho antes, ninguna otra), en principio quienes las practican me merecen todo el respeto del mundo; pero que un señor se ampare en el alzacuellos para abusar de un niño, eso no es que no me parezca respetable como conducta, que por supuesto, es que el señor no me merece respeto, y quienes lo ocultan y permiten, pues tampoco. Ni el torero que encima se chulea y se hace llamar héroe. No es que no respete el toreo, es que tampoco respeto a los toreros. Pero bueno, esto sí son excepciones.

Dentro de las personas que conozco, las que tengo más cerca, todas ellas son totalmente respetables. Las que tienen estudios superiores y las que no, las que trabajan y las que no, las que creen en las tareas escolares y las que están conmigo en que son un horror, las que dan teta y las que dan biberón, las que quieren parir en su casa y las que piden una cesárea con anestesia general. Todas ellas tienen siempre todo mi respeto.

Cuando yo me manifiesto totalmente en contra, por ejemplo, por poner un tema del que soy recurrente, de poner los deberes, y puedo decir abiertamente que no respeto en absoluto la idea de que las tareas escolares sean necesarias, y boicoteo siempre que me es posible a quienes imponen deberes a mi hija pequeña, no estoy faltando al respeto a las personas que quieren que sus hijos tengan más deberes ni a los profesores que se empeñan en ponerlos. Una cosa no quita la otra. Porque las opiniones, sean las que sean, no merecen ningún respeto. Ni las mías.

Cuando yo digo que no existen los beneficios de la lactancia materna, y que lo correcto es hablar de los perjuicios del biberón, no sólo no estoy dando una opinión, sino aportando un hecho cierto avalado por cientos de estudios científicos, sino que no lo estoy faltando al respeto a las madres que dan o han dado biberón, por elección o por necesidad. Para empezar, yo también di el biberón.

Cuando digo que mis hijas han dormido (la peque todavía lo hace) conmigo, y que me gusta tenerlas cerquita, no estoy diciendo que soy mejor madre que aquellas que han sacado a sus hijos de su dormitorio, y por lo tanto, no les estoy faltando al respeto a ellas. Sí que me niego a respetar la "teoría" (o conjunto de teorías) en las que se basan para ello. Pero eso no supone que no respete a esas madres.

Y así, hasta el infinito.

Y hay una cosa que me preocupa sobre manera: que en los colegios y, sobre todo, en los institutos, se está educando a los niños en la falsa idea de que todas las opiniones son respetables, y luego tenemos que escuchar cosas alucinantes amparados en un supuesto respeto.
Pongo un ejemplo: mi hija mayor tiene una camiseta chulísima que se compró hace tiempo en una tienda de Chueca, que tiene a Blanca Nieves y Cenicienta dándose el lote. Bueno, pues a principio de curso, un día que llevaba esa camiseta, tuvo que oír a un compañero decirle que las personas no heterosexuales merecen morir. Así, a bocajarro. Ella se quejó a su tutor, a la PT y a la orientadora; y todos le dijeron lo mismo: que era una opinión, y que las opiniones hay que respetarlas, que cuando fuera mayor tendría que aprender a respetar todas las opiniones. Y no.
Pensar que una persona por el hecho de sentir diferente a ti, merece morir, no es una opinión respetable. Es una opinión despreciable. No sólo no merece ningún respeto, sino que se merece que alguien le recrimine. Tal vez así, aunque siguiese pensando lo mismo, no se atrevería a decirlo en público. Y a lo mejor lo de ese niño no lo solucionábamos, pero los demás vivirían más felices sin tener que escucharle.

De esas hay mil, y lo peor es que, claro, crecen con la idea de que piensen lo que piensen todo el mundo lo tiene que respetar, porque "es su opinión", y llegan a adultos y no reciben más hostias pues porque hay más gente educada, como yo, que en lugar de arrear las bofetadas que muchos se merecen, escriben en un blog.
Y sí, he dicho que bofetadas y que se merecen. Como dice mi hija: la hostia a tiempo no es la que se le da a un niño que aún está aprendiendo y que no tiene culpa de nada; la hostia a tiempo es la que hay que darle a algún adulto para que no vuelva a soltar estupideces por la boca. Porque las estupideces las seguirá pensando, pero si aprende a no decirlas, al menos los demás no tenemos que oírlas.
Y si no, que se lo digan al "Caranchoa"