viernes, 9 de junio de 2017

A vueltas con las grandezas y las reducciones.

Pues ya empecé. Abrí la caja de pandora en la entrada de ayer, que me puse, no sólo a hablar de mi, que eso lo hago constantemente, sino a frivolizar sobre imagen y tal. Porque no todo van a ser sesudeces; de vez en cuando como que apetece ponerse en plan instagramer a hablar de las cositas que te pones y tal.
Y hoy voy a seguir, mira tú, que me moló a mi el ejercicio.

Porque una vez me vi toda mona con mi pelo corto (con un estilo, por cierto, que se me olvidó decir, que hace mucho más evidentes mis canas, y me encanta) y mis pestañas para arriba y mis labios rojo pasión, decidí que ya era hora de renovar, al menos en parte, mi vestuario. Y es que, señoras y señores, hasta hace una semana aún llevaba camisetas de lactancia de las que vendía yo en la tienda. Aprovecho para poner de relieve la maravillosa calidad de las camisetas y los sujetadores que tenía yo en mi pequeño comercio, que después de 4 años de cerrarlo (algunas camisetas y sujetadores que aún tengo y uso son de bastante antes del cierre) aún están en perfecto estado de revista. Y sí, hablo también de sujetadores; después de casi 4 años desde el destete definitivo de mi hija pequeña, aún gasto sujetadores de lactancia. Y es que no encuentro sujetadores, de ningún tipo, color o marca, que dejen toda la inmensidad de mi ser pechuguil en su sitio, salvo esos sujetadores.

Os cuento mi drama: aunque sí que he podido encontrar ropa chula y a buen precio de mi talla (que, para mi sorpresa, es menor de lo que yo creía) ha sido imposible, al menos en una primera búsqueda, hacerme con un sujetador que me apañe sin lorcearme entera, y que no suponga la ruina de mi casa.

Porque lo de mis tetas es un trauma desde hace años, y aunque tiene que ver con el peso (lógicamente, a más peso, más tetas) lo cierto es que la proporción pecho-resto del cuerpo siempre ha sido la misma: mucha pechuga para poco culo. Y eso, de lo que ahora me río, aunque a veces no me haga puta gracia, con diecimuchos-ventipocos me causó muchos problemas de autoestima. Desde que tengo uso de razón tetil, comprar un suje o un bikini era todo un desafío, y terminaba con mi madre, deprimida, malhumorada y en donde "Paca", que era una corsetera de las de toda la vida que te tomaba medidas y te hacía tu sujetador. Ojo, que te dejaba estupendísima, con todo el esplendor de tus tetas grandes y hermosas en su sitio y sin bamboleos de esos que distraen profesores y tal. Pero claro, muy para enseñar no eran aquellos sujetadores. Y los bikinis, pues mira, con estampado de flor de vieja y tal.
El caso es que ahora que el tema no sólo es más grande, sino que se han transformado, con la lactancia, en dos tetas libertarias que van hacia donde les da la real gana muy por debajo de la línea de flotación, no me importaría ni lo más mínimo un sujetador feo ni un bikini con estampado de flor de vieja. El problema es que Paca, doña Paca, pues ya no está.

¿Y qué hice yo? Pues invocar a San Google, e indagar en el océano de internet a ver si todavía quedan corseteras de bien que te hagan un apaño on line. De morirme.

Mujeres de tetas grandes de esas que no se tienen en su sitio en virtud de 3 kilos de silicona: no existen sujetadores de tallas grandes que no sean reductores. Los hay "reductores" y "super reductores". Pero para sujetar bien y sin bamboleos ni lorzas unas tetas de la copa E que quieren seguir siendo tetas de la copa E no hay sujetadores. Y si los hay no los he encontrado.

Y no sólo: esos en los que mis tetas puede ser que entrasen a la fuerza y desparramadas para intentar ser menos, tienen precios imposibles. Y no te digo nada los trajes de baño. Me da la sensación de que voy a tener que pedir un crédito a cofidis para poder guardar mis mamas y además estar incómoda.

Desde aquí lo pido: si alguien de los que me leen sabe de alguien que haga sujetadores para tetas que quieren ser lo que son, por favor que se ponga en contacto conmigo. Razón, aquí.