lunes, 19 de junio de 2017

A vueltas con las palabras: de cuando empecé a decirles a mis hijas "Te amo"

Siempre les he dicho que las quiero. Un "Te quiero" en cada rato. Pero un día cambié el "Te quiero" por el ¨"Te amo". Y con esa frase, cambiaron un montón de cosas y mejoró su relación conmigo.

Laura estaba colocando cosas. Su depresión acababa de estallarnos a todos en la cara, y empezaba a hablarnos y a preguntarnos. Y nos sorprendió diciéndonos que ella sabía que "había sido un accidente, una niña no deseada". Nos quedamos como piedras. ¿Cómo nuestra hija, a la que tantas y tantas veces habíamos dicho que la queríamos "de aquí a la luna y vuelta" podía pensar eso?
Le estuvimos explicando que había sido una niña "no esperada", pero que deseada fue desde que tuvimos el positivo en las manos. Que hay accidentes maravillosos, y que ella había sido uno de ellos.
Parecía que se había convencido, pero en su interior, ella seguía dudando.

Y un día, en plena crisis de llanto, me preguntó de nuevo ¿de verdad me quieres?. Y ahí todo cambió.
Me encaramé a su litera, y le dije "No te quiero, mi niña. Te amo"

Es una tontería, pero las palabras cuentan. Cuentan mucho, y dicen más de lo que creemos.

Dices "Te quiero" y quieres, claro. Quieres tener, poseer. Es tuya, soy tuya. Queremos una manzana, dinero, arroz para comer, buenas notas... Y hacemos cosas para tenerlo. Queremos a las personas porque es más fácil querer que amar, porque querer implica poseer y amar implica regalarse. Lo uno significa que esperas que el otro se entregue, y lo otro es entregarte tú. Por eso no les he vuelto a decir "Te quiero" a mis hijas.

Dices "Te amo" y significa que no importa lo que hagas, digas, sientas. Te amo. Mi corazón, mi alma, todo mi yo, son tuyos. Puedo dejar de amarte, por supuesto; pero mientras lo hago no espero nada de ti, ni espero que me pertenezcas, porque la relación de amor no va de posesiones, sino de libertades.

¿Puedo dejar de amarte? No puedo dejar de amar a mis hijas. Forman parte de lo más íntimo de mi persona. Dejar de amarlas es imposible. Las he amado desde el principio de sus tiempos, y lo haré hasta el final de los míos.
Pero no son mías, no me pertenecen. No quiero que me pertenezcan. No las quiero.

Las amo porque quiero que sean libres, porque no importa si lloran, si ríen, si meten la pata, si hacen algo que me duela, si consiguen acabar con mi paciencia. No las exijo nada, porque las amo, no las quiero.

Ese día, el día que le dije a Laura "Te amo", ella se quedó en silencio, y supo de verdad que había sido deseada, que no esperábamos nada y no deseábamos nada sino su felicidad.

Y ese día fue el día que empezó de nuevo a confiar en nosotros.