El otro día mi hija pequeña nos preguntó, así, a bocajarro, qué es lo que nos hace plenamente felices. Vamos, que si pudiéramos elegir dedicarnos a aquello que nos hace más felices, pues qué haríamos.
Lo sé. La puñetera niña tiene unas preguntas de las de tragar saliva antes siquiera de empezar a pensar la respuesta.
Mi marido lo tuvo claro: la música. Y en realidad, el 50% de su vida lo dedica a la enseñanza, o a la producción o a la interpretación musical. Y yo me quedé pensando.
Es curioso que a las mujeres rara vez se nos hace esta pregunta. Qué quieres, qué deseas, qué te hace feliz. Alguna vez, hablando con una mujer puérpera, tanto en mi actividad privada como en mi voluntariado, al plantearle esta sencilla pregunta la mujer ha roto a llorar. Porque ni ella misma lo sabe, y porque parece que a nadie le importe.
¿Qué me hace feliz a mi?
Pues aparte de lo obvio que queda de puta madre en un blog escrito por una madre (ya sabéis, esto de la maternidad, mis hijas, su sonrisa, cuando duermen, cuando ríen, cuando ves brillar sus ojos, ...) me hace feliz enseñar. Mucho. Mogollón.
Que ya sé que no soy profesora, y que no me dedico a la enseñanza. Lo voy a decir de otra manera: cuando estoy metida plenamente en la labor divulgadora, en el tú a tú, o mejor dicho, en el yo a vosotros.
Las charlas, las clases, cuando me pongo delante de un grupo de personas a compartir aquello que sé y para lo que me preparo día a día.
Es que salgo renovada. De verdad.
Hace unas semanas, una charla en una clase de preparto con una matrona, por ejemplo. Me lo pasé pipa. Y no solo por las caras de las madres que estaban descubriendo cosas nuevas, algunas, madres de otros mayores, colocando información que les hacía encajar piezas en sus propias experiencias previas. Era la residente, al fondo de la sala, tomando apuntes como si no hubiera un mañana. Esos apuntes que la van a distinguir, seguramente, a la hora de atender a otras madres cuando la toque.
Las charlas que soy mes a mes en mi asociación, a esas familias que llegan con muchas ganas de información, o con necesidad de apoyo, y encuentran en lo que les digo algunas soluciones.
Y ya el sumum. Cuando invitada a un instituto como representante de mi asociación, me pongo delante de 25 estudiantes y la hora se nos queda corta.
Pues eso. Que es una putada; una gran putada. Porque estaría sin problema 8 horas al día enseñando, y luego veo a otros que tienen esa suerte y no hacen más que cagarla. Y encima la culpa siempre es de los que les aguantan, que son sus alumnos.
Qué mal repartido está el mundo.
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miércoles, 7 de noviembre de 2018
martes, 10 de abril de 2018
Y ahora, ¿qué?
No creo ser la única a la que le pasa esto.
Cuando te pasas 3 años de tu vida estructurando tu tiempo en función de las necesidades de una persona, todos tus huecos los llena esa persona, incluso cuando no estás con ella.
Durante 1000 días, mi padre ocupaba mis mañanas y mi mente. Los cuidados a mis hijas, o incluso los míos, se colocaban en la agenda en función de las necesidades de mi padre. Y ahora que ya no está, de repente, me enfrento a una situación a la que ya no estaba acostumbrada.
Y ahora, ¿qué?
Por supuesto, queda mi madre. No podemos dejarla de lado, porque ahora está sola. Pero ya no es igual, porque ella no nos necesita.
Echo un vistazo a mis páginas, a mis blogs, que tengo totalmente abandonados, y me siento tan lejos de aquella persona...
El caso es que no quiero cerrar La Teta y Más. Fue un proyecto que me absorbió totalmente y en el que puse toda mi alma. Pero ahora me planteo que no podría volver a hacer lo mismo.
Y no es que no quiera el contacto con las mujeres y sus hijos. Es que creo que el acompañamiento cercano ya no está entre las cosas que ahora mismo podría hacer.
Sin embargo, desde hace ya tiempo he estado dando vueltas en la cabeza a algo. Es algo inconsciente, no planeado. No es que me haya puesto a pensar, es que ha ido saliendo solo.
Soy periodista. Deseé serlo siempre, desde que tengo memoria.
Mi padre quería que hubiera estudiado derecho, pero siempre he sido muy burra, igual que él, y en lo que tocó a mi formación, me salí con la mía. Descubrí que la práctica del periodismo como tal no me satisfacía, porque me vi inmersa en la política mercantilista que está ahogando el oficio en este país nuestro tan de ahogar verdades. Pero acompañando mujeres, dirigiendo reuniones del grupo de apoyo, dando charlas, también he descubierto que me apasiona la divulgación, que no he dejado nunca de ser periodista ni aún cuando era doula.
Hace unos meses, en un rato perdido, me puse a retocar mi web. Trataba de decidir si la borraba o si la transformaba. En realidad, trataba de juntar valor para cerrarla. Me puse a escribir, tal y como estoy haciendo ahora, y empezaron a salir cosas.
No sé si habéis ido alguna vez al psicólogo. Todos deberíamos hacerlo de vez en cuando, así que os animo. El caso es que muchos psicólogos sugieren escribir a ver qué sale. Y salen cosas alucinantes. Igual que me está saliendo ahora.
El caso es que escribiendo, me di cuenta de que he cambiado, pero no tanto. Me di cuenta de la cantidad de información que tengo ahora sobre temas médicos y de salud. Me di cuenta de que necesito seguir contando cosas, y que en realidad, hace falta que alguien cuente cosas. Me di cuenta de que sin información, o con información sesgada, no se pueden tomar decisiones, y las familias con un ser querido enfermo se ven obligadas a tomar decisiones permanentemente.
Cuidando de mi padre en las últimas semanas, me he dado cuenta de otra cosa. De repente, en cuanto el personal sanitario habla conmigo dos veces, me preguntan si soy "de la profesión", y hablan conmigo mucho más sinceramente y ofreciéndome mucha más información que al principio. Y un día, dos antes de que mi padre muriera, me encontré con una maravillosa enfermera que me hacía la misma pregunta para explicarme lo jodida que estaba la situación, y me encontré a mi misma respondiendo "no, no soy enfermera; soy periodista pero me he especializado en comunicación y divulgación sanitaria". La mujer me miró fijamente y me habló durante 15 minutos sobre todos los procesos que estaban abiertos, sobre lo que estaba yendo mal y las expectativas que ella, como enfermera, tenía de la situación, y me dijo que hablaría con el médico sobre mi para que charlásemos un rato.
Así que en este momento, mientras me planteo volver a estudiar para preparar oposiciones, no sólo le estoy dando vueltas a las teclas, sino a mis verdades y mis deseos personales.
Cuando te pasas 3 años de tu vida estructurando tu tiempo en función de las necesidades de una persona, todos tus huecos los llena esa persona, incluso cuando no estás con ella.
Durante 1000 días, mi padre ocupaba mis mañanas y mi mente. Los cuidados a mis hijas, o incluso los míos, se colocaban en la agenda en función de las necesidades de mi padre. Y ahora que ya no está, de repente, me enfrento a una situación a la que ya no estaba acostumbrada.
Y ahora, ¿qué?
Por supuesto, queda mi madre. No podemos dejarla de lado, porque ahora está sola. Pero ya no es igual, porque ella no nos necesita.
Echo un vistazo a mis páginas, a mis blogs, que tengo totalmente abandonados, y me siento tan lejos de aquella persona...
El caso es que no quiero cerrar La Teta y Más. Fue un proyecto que me absorbió totalmente y en el que puse toda mi alma. Pero ahora me planteo que no podría volver a hacer lo mismo.
Y no es que no quiera el contacto con las mujeres y sus hijos. Es que creo que el acompañamiento cercano ya no está entre las cosas que ahora mismo podría hacer.
Sin embargo, desde hace ya tiempo he estado dando vueltas en la cabeza a algo. Es algo inconsciente, no planeado. No es que me haya puesto a pensar, es que ha ido saliendo solo.
Soy periodista. Deseé serlo siempre, desde que tengo memoria.
Mi padre quería que hubiera estudiado derecho, pero siempre he sido muy burra, igual que él, y en lo que tocó a mi formación, me salí con la mía. Descubrí que la práctica del periodismo como tal no me satisfacía, porque me vi inmersa en la política mercantilista que está ahogando el oficio en este país nuestro tan de ahogar verdades. Pero acompañando mujeres, dirigiendo reuniones del grupo de apoyo, dando charlas, también he descubierto que me apasiona la divulgación, que no he dejado nunca de ser periodista ni aún cuando era doula.
Hace unos meses, en un rato perdido, me puse a retocar mi web. Trataba de decidir si la borraba o si la transformaba. En realidad, trataba de juntar valor para cerrarla. Me puse a escribir, tal y como estoy haciendo ahora, y empezaron a salir cosas.
No sé si habéis ido alguna vez al psicólogo. Todos deberíamos hacerlo de vez en cuando, así que os animo. El caso es que muchos psicólogos sugieren escribir a ver qué sale. Y salen cosas alucinantes. Igual que me está saliendo ahora.
El caso es que escribiendo, me di cuenta de que he cambiado, pero no tanto. Me di cuenta de la cantidad de información que tengo ahora sobre temas médicos y de salud. Me di cuenta de que necesito seguir contando cosas, y que en realidad, hace falta que alguien cuente cosas. Me di cuenta de que sin información, o con información sesgada, no se pueden tomar decisiones, y las familias con un ser querido enfermo se ven obligadas a tomar decisiones permanentemente.
Cuidando de mi padre en las últimas semanas, me he dado cuenta de otra cosa. De repente, en cuanto el personal sanitario habla conmigo dos veces, me preguntan si soy "de la profesión", y hablan conmigo mucho más sinceramente y ofreciéndome mucha más información que al principio. Y un día, dos antes de que mi padre muriera, me encontré con una maravillosa enfermera que me hacía la misma pregunta para explicarme lo jodida que estaba la situación, y me encontré a mi misma respondiendo "no, no soy enfermera; soy periodista pero me he especializado en comunicación y divulgación sanitaria". La mujer me miró fijamente y me habló durante 15 minutos sobre todos los procesos que estaban abiertos, sobre lo que estaba yendo mal y las expectativas que ella, como enfermera, tenía de la situación, y me dijo que hablaría con el médico sobre mi para que charlásemos un rato.
Así que en este momento, mientras me planteo volver a estudiar para preparar oposiciones, no sólo le estoy dando vueltas a las teclas, sino a mis verdades y mis deseos personales.
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