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domingo, 23 de junio de 2019

Buenas madres

Por fin ha finalizado el curso.
De verdad, lo juro. El "por fin" es de verdad.
Soy de esas madres que están deseando los fines de semana, los puentes, las vacaciones.
No me gusta la dinámica escolar. Interfiere en nuestra vida familiar. Se inmiscuye en nuestros ritmos y en nuestras relaciones. Toda la disciplina académica se infiltra en los estados de ánimo, conversaciones, actividades, descansos, ... Y me molesta. Mucho.

El caso es que,  el otro día, durante la graduación de mi hija pequeña, hice este mismo comentario. "¡Por fin vacaciones!" Alguien a mi lado dijo algo así como "¡Qué buena madre!" Lógicamente, ante esta afirmación, otras dedujeron que ellas, que se sienten agobiadas por la perspectiva de estar días y días con sus hijos sin saber exactamente cómo afrontarlo, son malas madres. Es decir, que la suposición de que soy buena madre porque no me agobio está confrontando a dos madres.

Yo no soy ahora la misma madre que era cuando nació mi hija mayor. Estaba agotada, sobrepasada, deprimida. Nada era como me lo habían contado y estaba segura de que la culpa la tenía yo. Todo el mundo sabía mucho mejor que yo cómo afrontar las situaciones con mi hija, y yo sólo sabía sentirme culpable. Recuerdo que apunté a mi hija a una extraescolar que daban dos días a la semana cuando estaba en infantil, porque así estaba menos tiempo en casa, y esa hora más (después de las 5 del colegio normal) yo la vivía como un alivio. Si mi marido se iba por temas de trabajo, yo me iba a casa de mi madre, porque mi padre se encargaba de todo, porque yo sola no sabía qué hacer con una niña que, además, tenía una actividad que no se correspondía con lo que me habían contado.

Cuando ahora doy charlas a las madres, la mayoría de ellas en esa etapa silenciada que es el puerperio, les digo que lo primero que hay que hacer es ajustar las expectativas a la realidad. Porque veréis: las cosas no son como nos han contado. Los niños demandan mucha atención. Esos que llamamos "tranquilos" son en realidad casos muy aislados, y en épocas pretéritas probablemente son niños que no hubieran sobrevivido a los rigores de su propia existencia.
Nuestra vida no va a ser la misma. No puede ser la misma. Nosotras no somos las mismas. No podemos exigir a un bebé que sólo comprende el cuerpo de su madre, que salga de ahí; y somos responsables de su bienestar, lo que incluye facilitarle ese cuerpo. Un cuerpo que va a tardar en volver a ser sólo nuestro. Años. O quizás nunca lo vuelva a ser.
Y esto que digo no es malo. Sólo lo es si no tomamos consciencia de ello, si pretendemos que la vida no cambie, que nosotras no cambiemos. Si no entendemos que con cada parto un trozo de nosotras deja de ser nuestro para convertirse en otro cuerpo. Pero cuando el trabajo que hacemos es el de comprender eso, entonces nada es un sacrificio, sino simplemente la vida.

Detrás de una madre agobiada por el tiempo con sus hijos está una mujer agotada, a quien la sociedad ha mentido y a quien su entorno no sabe apoyar.
Cuando veo una madre sobrepasada hasta tal punto que no es capaz de disfrutar de sus hijos como si disfrutara de su propio cuerpo, lo que veo es a una mujer herida que saca fuerzas de donde no sabe ni que las tiene, para gestionar un cúmulo de emociones que nadie le está ayudando a comprender.
Y aún así, esas madres se hacen cargo, tiran de todas sus fuerzas para hacerlo de la mejor manera posible. Y muchas de ellas lo hacen de puta madre.

Por otra parte, cuando una madre, como yo, dice que está deseando las vacaciones, es probable que quien la felicite por ser tan buena madre, tenga en su mente la imagen de esa mujer protagonizando un anuncio de aceite para bebés las 24 horas del día, y no. Los placeres son muy sencillos y no nos pasamos el día inventando juegos ni actividades maravillosas para nuestros hijos. Sólo nos levantamos unos minutos más tarde, disfrutamos el desayuno sabiendo que no hay que decir mil veces a alguien que tiene que darse más prisa, vivimos el día a día con la tranquilidad de saber que nadie va a llorar o desesperarse por un examen o una nota, o una impertinencia de profesor (que las hay a millones). Y luego la vida es igual. Sin grandes actividades más allá de una partida de Cluedo de vez en cuando, o quizás un día tonto de piscina. Es sólo la tranquilidad de saber que mi cuerpo está entero y no tengo que forzarlo.

Así que, si alguien me pregunta a mi quién es mejor madre, si la que está tranquila y gozando del tiempo o la que lucha constantemente con todo y aún así consigue pasar un verano entero sin desesperarse, ya os digo yo, que gana la segunda.

Y quien hace el juicio tan precipitado lo que debería hacer es pensar un poco en cómo puede apoyar a quien lo necesita para que viva su maternidad con mucha más alegría. Porque al final, quien importa es quien te acompaña.

martes, 10 de abril de 2018

Y ahora, ¿qué?

No creo ser la única a la que le pasa esto.
Cuando te pasas 3 años de tu vida estructurando tu tiempo en función de las necesidades de una persona, todos tus huecos los llena esa persona, incluso cuando no estás con ella.
Durante 1000 días, mi padre ocupaba mis mañanas y mi mente. Los cuidados a mis hijas, o incluso los míos, se colocaban en la agenda en función de las necesidades de mi padre. Y ahora que ya no está, de repente, me enfrento a una situación a la que ya no estaba acostumbrada.
Y ahora, ¿qué?

Por supuesto, queda mi madre. No podemos dejarla de lado, porque ahora está sola. Pero ya no es igual, porque ella no nos necesita.

Echo un vistazo a mis páginas, a mis blogs, que tengo totalmente abandonados, y me siento tan lejos de aquella persona...
El caso es que no quiero cerrar La Teta y Más. Fue un proyecto que me absorbió totalmente y en el que puse toda mi alma. Pero ahora me planteo que no podría volver a hacer lo mismo.


Y no es que no quiera el contacto con las mujeres y sus hijos. Es que creo que el acompañamiento cercano ya no está entre las cosas que ahora mismo podría hacer.

Sin embargo, desde hace ya tiempo he estado dando vueltas en la cabeza a algo. Es algo inconsciente, no planeado. No es que me haya puesto a pensar, es que ha ido saliendo solo.

Soy periodista. Deseé serlo siempre, desde que tengo memoria.
Mi padre quería que hubiera estudiado derecho, pero siempre he sido muy burra, igual que él, y en lo que tocó a mi formación, me salí con la mía. Descubrí que la práctica del periodismo como tal no me satisfacía, porque me vi inmersa en la política mercantilista que está ahogando el oficio en este país nuestro tan de ahogar verdades. Pero acompañando mujeres, dirigiendo reuniones del grupo de apoyo, dando charlas, también he descubierto que me apasiona la divulgación, que no he dejado nunca de ser periodista ni aún cuando era doula.

Hace unos meses, en un rato perdido, me puse a retocar mi web. Trataba de decidir si la borraba o si la transformaba. En realidad, trataba de juntar valor para cerrarla. Me puse a escribir, tal y como estoy haciendo ahora, y empezaron a salir cosas.

No sé si habéis ido alguna vez al psicólogo. Todos deberíamos hacerlo de vez en cuando, así que os animo. El caso es que muchos psicólogos sugieren escribir a ver qué sale. Y salen cosas alucinantes. Igual que me está saliendo ahora.

El caso es que escribiendo, me di cuenta de que he cambiado, pero no tanto. Me di cuenta de la cantidad de información que tengo ahora sobre temas médicos y de salud. Me di cuenta de que necesito seguir contando cosas, y que en realidad, hace falta que alguien cuente cosas. Me di cuenta de que sin información, o con información sesgada, no se pueden tomar decisiones, y las familias con un ser querido enfermo se ven obligadas a tomar decisiones permanentemente.

Cuidando de mi padre en las últimas semanas, me he dado cuenta de otra cosa. De repente, en cuanto el personal sanitario habla conmigo dos veces, me preguntan si soy "de la profesión", y hablan conmigo mucho más sinceramente y ofreciéndome mucha más información que al principio. Y un día, dos antes de que mi padre muriera, me encontré con una maravillosa enfermera que me hacía la misma pregunta para explicarme lo jodida que estaba la situación, y me encontré a mi misma respondiendo "no, no soy enfermera; soy periodista pero me he especializado en comunicación y divulgación sanitaria". La mujer me miró fijamente y me habló durante 15 minutos sobre todos los procesos que estaban abiertos, sobre lo que estaba yendo mal y las expectativas que ella, como enfermera, tenía de la situación, y me dijo que hablaría con el médico sobre mi para que charlásemos un rato.

Así que en este momento, mientras me planteo volver a estudiar para preparar oposiciones, no sólo le estoy dando vueltas a las teclas, sino a mis verdades y mis deseos personales.

lunes, 26 de marzo de 2018

Nano Peluquero

El día 21 de marzo murió mi padre. Fueron 3 años de un Alzheimer acelerado por un coma diabético, y complicado además por un montón de patologías, que hicieron, probablemente, que todo avanzara a velocidad de vértigo. Tres años en los que nosotros, "Los 4 mosqueteros" (mi hermano, mi cuñada, mi marido y yo) remamos todos a una con un propósito firme que hemos logrado: que mi padre no pisara una residencia. Tres meses, los últimos, duros de cojones, en los que el que le tocaba, debía levantar a mi padre a pulso, cambiarlo, asearlo y sentarlo en su silla de ruedas; en los que fuimos testigos de cómo se iba; en los que tuvimos que recuperarle, en casa, para no ingresarlo en ningún sitio. Hasta que hubo un momento, el pasado 11 de marzo, en que recuperarlo en casa fue imposible y decidimos ingresarle en el hospital donde murió 10 días después, agotado ya de tanta lucha.
El caso es que estamos todos un poco así; tranquilos y agotados, y casi ni nos manifestamos. Y de repente, un parroquiano cariñoso, le escribe esto a mi padre.

No sé quién eres, Alberto Fidalgo, pero gracias. Gracias por tus sentires, y por querer que todo el mundo supiera que se fue un hombre bueno. Hoy voy a dar yo la puntilla, a enseñaros cosas que muchos de vosotros no sabíais de mi padre.

Nano, el peluquero era un currante, un trabajador incansable. Abrió la peluquería en el año 1969 y luchó por ella, como luchó por todo, desde el primer momento.
Se pasaba las noches haciendo postizos en la época en que los postizos se llevaban. Cuando llegaba la hora del cierre, bajaba su trapa y se ponía el café, el tabaco y la labor, y le daba el amanecer currando. Así levantó su negocio y empezó a perder la salud.

Cuando conoció a mi madre y llegamos nosotros se dio cuenta de algo que a la peña ahora todavía le cuesta: conciliar no es conseguir que te abran guarderías en domingo; conciliar es no trabajar en domingo.

Y con esa premisa, juntó a los peluqueros, que hasta ese momento eran un oficio, pero no un gremio, y promovió la sección de peluqueros de la Federación Leonesa de Empresarios, entidad, por cierto, que hemos echado de menos estos días.
Esta sección unificó horquillas de precios, para que hubiera unos estándares por debajo de los cuales se considerase "competencia desleal", y consiguió que se cerrara los domingos y festivos en León.
Y así, todos los domingos los dedicaba a llevar a sus hijos a tomar un butano al Barrio Húmedo y dar una vuelta por el Rastro.

Nano, el peluquero, era además, un hombre sociable y cariñoso, que tenía un mapa mental de todos los vecinos de su barrio. Sabía a quién le iba bien y a quién no tanto. Siempre tenía una palabra amable, una mano tendida para quien lo necesitaba. Y eso, mira tú, no lo perdió jamás. Por eso había mucha gente que no se creía que tenía Alzheimer, porque cuando se lo encontraba por la calle le preguntaba por el padre enfermo o tenía un recuerdo cariñoso para el hermano fallecido.

Nano, el peluquero, fue un maestro cariñoso y entregado, que consiguió que sus aprendices, luego convertidos en trabajadores, pudieran labrarse un futuro como peluqueros independientes, y ya de paso, que le quisieran como hijos. De hecho, la relación que tenemos con su primer aprendiz, que desde hace años tiene su propia peluquería, Miguel del Ser, es de hermanos.

Nano, el peluquero, fue un padre cojonudo de más de dos niños (los suyos). Recuerdo hace mil años, una conversación con mi primo/hermano mayor y ahijado suyo, que me decía que si había tenido un padre, ese era el mío.
Mi padre trabajaba como un mulo, un montón de horas seguidas. Y sin embargo, los recuerdos de niñez que yo tengo es de mi padre a cuatro patas en el salón haciéndonos a mi hermano y a mi de caballito. Recuerdo las salidas al campo en cuanto empezaba a hacer bueno. Las visitas al rastro.

Nano, el peluquero, tenía un carácter endemoniado, como el mío. Un pronto que puede ser bueno a veces, pero otras no trae más que inconvenientes.

Nano, el peluquero, fue un hombre bueno, y así me lo ha dicho cada una de las personas (y fueron muchas) que acudieron a su funeral el jueves.

Gracias

viernes, 27 de octubre de 2017

Que no me quites años

Que no, que no quiero. Que no quiero aparentar 30. Ni 40. Que tengo 44 y los quiero todos. Que son míos.

La prima de mi madre no cumplió los 34. Mi primo no llegó a los 40. Mi mejor amiga se quedó sin sus 44. ¿Y tú quieres que yo aparente menos años?

Mis estrías dicen que tengo una relación con la comida un poquito especial. Y que he tenido dos hermosos embarazos.
Mis tetas dicen que he parido dos veces, y que una de ellas culminó en una gloriosa lactancia de 6 años.
Mis ojos y boca dicen que he llorado, que he reído, que me he enfadado, que he gritado, que he sido mucho, muchas veces.
Mis canas dicen que llevo 44 años en el mundo, ni uno menos.

¿Y qué quieres tú que me quite?

¿Las estrías, y entonces olvido mi preñez?
¿Las tetas caídas, y entonces olvido mis partos?
¿Los pezones rotos, y entonces olvido el frenillo y su solución?
¿Las arrugas, y entonces olvido lo llorado, lo reído, lo enfadado, lo gritado, lo sido?
¿Las canas, y entonces olvido mis años?

Pues mira, mi preñez me hizo más fuerte, más sabia. Mis partos me hicieron más consciente. Mi lactancia me cambió la vida y así ayudé a cambiar otras vidas. Mis risas, enfados, llantos y gritos son mi vida. Sí, esa vida de 44 años que se ve reflejada en mis canas.

No quiero ser otra, quiero ser yo. Y quiero ser yo con mis años y mi vida. Recordar a las personas que amo y no están, y no pudieron vivir lo que yo he vivido. Recordar que soy afortunada por haber vivido todo, incluso lo malo. Admitir que cada año vivido, cada segundo, es un aprendizaje, una fortaleza.
Y mira, aparentar no haber vivido todo eso, no me haría peor. Ni mejor. Sólo me haría menos yo. Y eso sí que no.
No quiero.

viernes, 20 de octubre de 2017

Haciendo excepciones

Hoy la vida me ha dado una pequeña tregua, y me veo con tiempo de echar un vistazo desde el ordenador a mis redes. Esto, que antes hacía de forma rutinaria todas las mañanas, se ha convertido en un imposible diario.
El caso, es que soy administradora del grupo de Facebook que recoge la actividad del grupo de apoyo a la lactancia en el que ejerzo mi voluntariado. Ante el caso reciente de una madre que ha sido expulsada de un lugar público por amamantar, una de mis compañeras en la administración ha compartido en ese grupo un artículo fantástico. Fíjate si será fantástico, que me voy a comer aquí mi regla de no compartir de lugares ajenos, porque este merece la pena. Y de paso voy a dar las gracias a Lorena Moncholi, abogada y lactivista, por esta perla. Se trata de una guía de actuación en el caso de que te recriminen por amamantar en público o te conminen a abandonar un lugar . Imperdible.

Bueno, pues me levanto hoy, voy a mirar mis cositas con el culo aposentado en buen asiento, y no como siempre, y me encuentro con que alguien ha reportado esa publicación a la administración.
Por supuesto, yo he aceptado el enlace y me he pasado por el arco de triunfo el reporte, faltaría más. No sólo no incumple ningún punto de la filosofía del grupo, sino que me parece una guía absolutamente imprescindible dada la cantidad de gilipuertas que andan por el mundo alante.

Y es que no lo entiendo. ¿Qué tiene este artículo de reportable? Absolutamente nada. Leedlo, por favor, porque yo lo he hecho dos veces esta mañana para encontrar el pero.

Sé que mi compañera está intentando averiguar de la persona que lo reportó la razón de que le incomode que, en un grupo de apoyo a la lactancia, se informe sobre cómo poner una queja y denuncia ante los organismos competentes contra personas y gerentes que se creen con derecho de intimidar a una mujer y prohibirle que amamante. Pero es que creo que no hay justificación, salvo que a alguien le moleste que las mujeres tengan herramientas para defenderse y además sepan utilizarlas. O eso, o esta persona se equivocó y quería hacer otra cosa y de repente hizo "ups, se me ha ido el dedo", en cuyo caso, mis disculpas.

Pero esto no sólo pasa con algo tan nimio como lo que describo.
 Desde que me quedé embarazada la primera vez (y de eso hace casi 16 años) he oído muchas veces cómo quienes deberían facilitarnos toda la información nos dicen que dejemos de buscar y nos dejemos hacer. Cuando somos madres perdemos el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, sobre nuestras cosas, y ya lo hacen otros por nosotras; y el primer punto para ello es privatizar la información, decir quién debe darla y a través de qué medios, demonizar a quienes publican a través de otros medios y canales esa información. Y si estamos hablando de redes sociales, pues darle a un botón, que es mucho más higiénico y no hay que mojarse.

Porque esa es otra: Facebook se ha convertido en un festival de denuncias y reportes ante informaciones que implican sólo al cuerpo femenino. Aclaro que implican al cuerpo femenino que no pertenece a un hombre, al que pertenece al niño y a ella misma. Si pones una foto de una mujer pariendo o amamantando hordas salvajes de puritanos de mierda denunciarán la foto o el reportaje a facebook como "contenido inapropiado", mientras tíos babosos de mierda siguen compartiendo en páginas del caralibro fotos de mujeres desnudas como objetos de sexo para otros tíos babosos de mierda, que nunca parecen ser "contenido inapropiado". Y se hace desde la impunidad que da el anonimato de quien denuncia.

Pero igual que yo he hecho dos excepciones contando lo que pasa en mi grupo de apoyo a la lactancia y compartiendo un enlace ajeno, Facebook también hace una excepción al anonimato: cuando reportas una publicación al administrador de un grupo, lo haces con nombre, apellidos y perfil.

Y aquí tenéis: una foto de una teta, que es la mía, siendo claramente propiedad de un bebé. Ahora vas, y la denuncias.

viernes, 22 de septiembre de 2017

En la plaza pública

Os va a sorprender, pero no siempre he sido tan manifiestamente de izquierdas. Durante mi etapa universitaria e inmediatamente posterior, era yo mucho más moderada; moderada escorando a la derecha, para más inri.
No sé. Quizás sea que pertenezco a esa generación educada en la tibieza. La primera en experimentar aquello del "Estado del Bienestar" tan desde el principio, que llegó a la crisis sin saber que podía haber otra cosa... peor.
Quienes nacimos a principios de los 70 nos criamos en el artificial optimismo del crecimiento de una idea nueva, ciegos y sordos a la realidad que suponía una "transición" sin ruptura. No vivimos el franquismo, y además era una época en la que no se hablaba de ello, no existía porque aún dolía.
Tal vez no debió dejar nunca de doler, porque ahora no es que se hable, es que se exalta.

Con estos antecedentes de historia personal, os podéis imaginar que cuando estudié constitucional (por cierto, en una universidad católica) lo hacía con el firme convencimiento de que aquel texto que había costado tanto escribir, era poco menos que un libro sagrado y que la integridad de España estaba por encima de cualquier otra cosa.

Pero en aquella época ocurrió algo que me movió mucho por dentro, me hizo sospechar que la cosa no iba del todo bien.

Para los más jóvenes, los "milenials" creo importante poner de relieve un hecho histórico: en la misma época, había en España una banda terrorista, ETA. Como terroristas que eran, se dedicaban a sembrar el terror y además pues mira, desde el punto de vista más práctico, hay que decir que lo hacían de puta madre. Estos "independentistas vascos" pretendían la creación de un País Vasco, uniendo también los territorios franceses y de Navarra en lo que llamaban Euskal Herria. Y se montaron tan bien el propósito político, e hicieron tan bien el papel de víctimas que no tienen más remedio que asesinar a sangre fría para conseguir que el Estado Español Represor les liberase, que desde el punto de vista policial, era muy difícil acabar con ellos, porque contaban con las simpatías políticas de muchos países del entorno. Muchos de ellos vivían plácidamente en Francia, que empezó a colaborar cuando el gobierno socialista de Felipe González compró (y remarco el COMPRÓ) esa colaboración a golpe de AVE.
El caso es que ETA tenía un brazo político, una forma de estar representada en las instituciones (esas de las que abominaban), que se llamaba Herri Batasuna. Tenían también sus periódicos, sus
asociaciones, de todo.
Bueno, pues el gobierno español, mejor dicho, los sucesivos gobiernos españoles, se empezaron a dedicar a prohibir. Cerraron periódicos, secuestraron publicaciones, y en un gran consenso parlamentario, se promulgó una ley que permitía ilegalizar partidos políticos.

A mi todo aquello me daba miedito. Por supuesto que quería que se acabara con ETA. Por supuesto que estaba segura de que aquellas personas no merecían ningún respeto por sus opiniones (y sus actos). Por supuesto que yo prefería que aquel partido político no existiese. Pero, ¿ilegalizar un partido? ¿Secuestrar una publicación? Porque una vez hecha la ley, la herramienta para ilegalizar un partido, CUALQUIER PARTIDO, ya estaba a mano. Y una vez secuestrada una publicación CUALQUIER PUBLICACIÓN, con el silencio de ciudadanos e instituciones, ya se daba por existente la posibilidad de hacerlo con cualquier publicación.
El caso es que aquello pasó, HB se ilegalizó, y al final no sirvió de nada. Los simpatizantes de ETA se configuraron en nuevos partidos que se esmeraban mucho para cumplir con la nueva ley. Pero siempre me removió algo por dentro el pensar que ahí estaba aquella norma, en nuestro ordenamiento jurídico. Quizás fue el día en que dejé de escorarme a la derecha y empecé a plantearme el viraje hacia el lado contrario.

Vamos a avanzar unos añitos. Yo ya peino canas, tengo mi familia, y el devenir político del país en el que vivo ha hecho que yo entienda que ni escorarse ni nada: o eres de un lado o del otro, y yo soy de izquierdas, roja total. Y os diré algo: me han hecho "radical de izquierdas" todos los "radicales de derechas" que han venido ocupando ese mal considerado "sillón de mando" que es la presidencia del gobierno.

Entonces, con la crisis que aún se negaba, empiezaba a colarse en los informativos "la cuestión catalana". En
un principio, con Zapatero a la cabeza, se comienza a plantear una reforma del Estatut que haga posible no tocar la constitución (que la peña le tiene un miedo a eso, que yo no comprendo) pero que reconozca algunas de las peticiones, vamos a decir "históricas" (aunque tienen una historia corta) de los políticos catalanes. La cosa podría haber cuajado sino fuera porque aquello que se negaban a llamar crisis les estalló a los socialistas en la cara, y en Cataluña el entonces President, Artur Mas, se empezó a enrocar en posturas mucho más cerradas sin duda ante la necesidad de crear distracciones.
Esta recesión le costó a Zapatero el puesto y vino a sustituirle nuestro amigo Mariano Rajoy, que lleva vendiéndonos el tema de la "herencia recibida" unos añitos ya.
Y ahora ya no es la crisis. Ahora es ya la causa.

Si hasta este momento nos han vendido la moto (que muchos han comprado y se resisten a devolver) de que en la crisis nos metimos nosotros, miembros de la clase media (¡JA!) porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pues se va descubriendo que han sido ELLOS quienes han vivido por encima de NUESTRAS posibilidades, robándonos a diestro y siniestros desde hace ya años. Y cuantos más casos de corrupción se conocen, cuantos más imputados hay en ambos bandos, más relevancia cobran Cataluña y Venezuela. Pero como los políticos catalanes han robado mucho también y durante mucho más tiempo, se traen los sentimientos más radicales al primer plano para intentar ocultar lo segundo.
Es decir: un conflicto, en primer lugar político, que viene muy bien a ambos lados para ir ocultando los casos de corrupción que salen  tanto en el PP como en CiU.
Así que podemos decir que esto de encender a las masas, hasta un determinado momento, era tanto responsabilidad de unos como de otros.

Hasta un determinado momento.

Desde la reelección del PP hemos visto cómo sus raíces más profundamente franquistas, dictatoriales y de liberalismo económico salvaje se iban manifestando en la política española. Se ha usado a la policía para investigar a otros partidos e intentar que perdieran votos, se han recortado derechos fundamentales como el de expresión, manifestación, reunión; se ha dado permiso a la policía para recuperar antiguas tradiciones represivas. Pero ahora ya han llegado a un punto que a mi, personalmente, me escandaliza hasta la náusea.

Y a partir de aquí, aviso, es cuando me pongo totalmente del lado del pueblo catalán, en contra de todo lo que está haciendo el gobierno español, tan preocupado en "no romper España". Así que si no queréis, no sigáis leyendo.

Cuando en las últimas elecciones catalanas sale elegida una mayoría de parlamentarios independentistas, ya sabíamos todos en qué clave iban a ser los años siguientes. De hecho, la base del argumentario catalanista es fundamentalmente una mentira. Sí, lo estoy admitiendo. Y si tú eres un ciudadano catalán afín al independentismo, pues lo siento por ti. Los únicos que no mintieron eran los de la CUP, que los pobrecitos, muy lejos del mundo de la política, siempre se creyeron aquello por lo que estaban luchando. La mentira fue la posibilidad de la independencia. Se mintió sobre la representación en el extranjero de la nueva nación catalana (se dijo que sería un estado miembro de todos los pactos cuando ya se sabía que si eso ocurría ninguna nación europea reconocería la soberanía catalana; ojo: entonces, porque ahora, después de lo ocurrido el pasado día 20, no estaría yo tan segura de eso); y se mintió cuando los políticos dijeron que ellos querían eso. No, queridos. Nadie quiere dejar de mamar de una teta eterna, como son los presupuestos de papá Estado Español. Salvo los honrados ciudadanos de la CUP, insisto. Pero vendiendo un referéndum, que ellos mismos sabían que en aquel momento perderían, lo que ganaban eran las elecciones en un momento en el que Artur Mas había perdido hasta el partido. Y ahí está la clave. La celebración del referéndum.

Yo creo que todo se debe votar. TODO. Me da por culo en las más de las ocasiones, esta pseudo democracia indirecta que tenemos donde se nos da una migaja (la iniciativa legislativa popular) que luego no se usa, se reprime o se echa para atrás. Si los catalanes quieren votar sobre su futuro, su forma de gobierno, su estatut, YO QUIERO QUE VOTEN.  Y quiero que voten porque YO QUIERO PODER VOTAR. Y no estaré de acuerdo con lo que dices, amigo mío, pero lucharé hasta la muerte por tu derecho a expresarlo.
Dicho esto, creo que queda claro que ya de entrada, estoy totalmente en contra con la terca decisión del gobierno de no permitir votar a un conjunto de ciudadanos. Y totalmente furiosa porque describan el deseo de un pueblo de votar para decidir sobre su vida como algo antidemocrático. Porque si es antidemocrático votar, ¿qué es impedir el voto?
Pero va más allá. En los últimos días, cada cosa que se ha hecho me ha puesto roja (más, y no sólo políticamente). No entiendo que estemos aquí, yo escribiendo y vosotros leyendo, tan pichis. Nuestro gobierno se ha convertido en ilegal porque está incumpliendo un mandato de las Cortes soberanas e impidiendo que otro gobierno cumpla con el mandato de su Parlamento. Y lo cojonudo es que llama "golpistas" a los que quieren cumplir.

El pasado día 19 los diputados de Ciudadanos presentan una proposición no de ley para que el parlamento apoye las acciones del gobierno encaminadas a reprimir y prohibir el referéndum. Me mola mucho ver los titulares de los periódicos porque hablan de una supuesta "división" del Congreso de los Diputados. Y no es así. No hay división. Salvo el PP (que es parte interesada) el resto de partidos, incluido el PSOE que lo hace con especial tibieza, rechazan frontalmente esa proposición, y de este modo, se da un mandato tácito al gobierno: no sigas por ahí. Os voy a invitar que leáis esta otra entrada que escribí al principio de abrir este blog; es otra entrada larga, así que igual podéis dejar todo como lectura de fin de semana. O lo imprimís y lo dejáis como lectura de mesilla de noche.

El gobierno NO MANDA, OBEDECE. El depositario de la soberanía nacional es el Congreso de los Diputados, y el gobierno obedece los mandatos del Congreso para ejecutar o vigilar la ejecución de las leyes. Si el Congreso te hace un mandato, me da igual si explícito o implícito y tú dices "tururú", ¿quién es el golpista? ¿Cómo me tengo que tomar yo, ciudadana que ha votado a los miembros de ese Congreso, que tú te arrogues un poder que sólo tiene un gobierno dictatorial y te pases lo que ese congreso piensa por el arco de triunfo? De paso, y ya que hablo de mandatos, os recuerdo que el Gobern de la Generalitat cumple el mandato que le da el Parlament por amplia mayoría de convocar un referéndum. Por dejar un poco claro quién puede considerarse golpista y quién no.

Pero es que va más allá:
Un juez, no catalán y afín al PP, ordena el registro de sedes, la incautación de papeletas y placas de impresión y la DETENCIÓN DE CARGOS POLÍTICOS ELECTOS; y lo hace sin informar ni pedir consejo al Fiscal.
Ordena el registro de sedes haciendo pasar por delito el hecho de que se convoquen unas consultas ciudadanas en las urnas. Ordena la incautación de información política impresa y de las planchas de impresión de papeletas (¿Os acordáis de aquel capítulo de Cuéntame en el que los grises entran en la imprenta donde trabajaba el pater Alcántara? Pues igual pero con uniformes de distinto color.). Y ¡ojo! ORDENA LA DETENCIÓN DE CARGOS POLÍTICOS ELECTOS. Llama a declarar a alcaldes.
El HuffPost ha hecho un vídeo tan bonito que os lo pongo y os nutrís.


Las claves del 20 de septiembre en Cataluña por elhuffpost

Ayer recibía Javi un vídeo de Albert Boadella, el dramaturgo catalán que fue uno de los impulsores de la creación de Ciudadanos, haciendo un monólogo sobre lo absurdo de pedir la independencia y tal. Es un monólogo divertido, y aunque después de este larguísimo post no os lo creáis, estoy de acuerdo con lo que dice. Pero ayer, después de la vergonzosa actuación del gobierno español en Cataluña, no era el momento de hacer ni compartir chistes, porque todo lo que ocurrió es un atentado terrible contra la democracia, y esa la compartimos todos, o eso creía yo.
Y voy a compartir un vídeo más y con él cierro el tema y y me dirijo a la plaza pública esperando las piedras de mi lapidación. Es de otro catalán que tampoco quiere la independencia; de un cómico que no le ve la gracia a lo que ocurrió el 20 de septiembre. Con todos ustedes, Andreu Buenafuente.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

La última etapa de la madurez

El otro día me puse a escribir.
Hay muchas formas de escribir, no sé si lo sabéis. Fundamentalmente, se puede escribir para uno o para otros. Se puede escribir con un propósito o con la única meta de dejar correr ideas.
Las personas pensamos en palabras, y con esas palabras, nuestro cerebro construye imágenes. Así que no es de extrañar que mucha gente utilice la escritura para poner en orden ideas; los psicólogos les piden a sus pacientes que escriban su historia no sólo para ordenarla, sino porque muchas veces en el transcurso de la narración surgen hechos inconscientes, sentimientos que estaban ahí y no reconocemos o incluso, hechos y recuerdos reprimidos.
Yo el otro día me puse a escribir para mi, sin un propósito claro, partiendo de un curriculum redactado. Era mi historia y me apetecía saber cómo iba, en qué capítulo me hallo en este momento.
Quizás debí escribir esta entrada entonces y no ahora, porque hoy me resulta más difícil poner mis ideas negro sobre blanco.


Ayer fue un día duro. Mi padre estuvo muy mal. A pesar de contar con ayuda y apoyo tanto familiar como en esta red virtual que tantas alegrías me da, no pude evitar llamar a emergencias. Al mismo tiempo, el padre de una amiga era ingresado en la UCI con un pronóstico grave. Es jodido el tema.

Vamos cumpliendo años. Tenemos hijos (o no), formamos nuestras propias familias o entornos y pensamos que somos los únicos que lo hacemos. En nuestra mente permanece una imagen de nuestra propia historia personal en la que nosotros somos más jóvenes y nuestros padres también. Nosotros tenemos los espejos, y vamos siendo más o menos conscientes de que nos hacemos mayores. Pero sólo tomamos consciencia de ese mismo hecho en nuestros padres en momentos así; cuando enferman. Y nos damos la hostia.

Es curioso, pero sabemos cómo reaccionar cuando nuestros hijos enferman, y cuando no lo sabemos solemos buscar, utilizar las redes, buscar en internet. Pero nuestros padres... Eso es mucho más duro. Hasta hace nada, eran ellos quienes cuidaban de nosotros.

La imagen que yo tengo de mi padre es de un señor grande, de espaldas anchas, que nos llevaba al campo en verano; recuerdo un día, en San Feliz, después de comer una tortilla, que nos pusimos a jugar con él y se "puso" para que saltáramos al potro; el potro era él, claro. Tenía unas espaldas tan anchas, que yo nunca fui capaz de saltarlo, me quedaba a la mitad, y de potro pasaba a caballo. Ahora pesa 50 kilos (si los pesa), y ayer yo lo senté en la cama a plomo, y le coloqué de lado sin ayuda.

Es difícil colocar esa nueva imagen de los padres. Frustrante. Es reconocer que ya no hay nadie ahí para cuidarnos, sino que somos nosotros los que debemos coger el testigo. Es la última etapa de la madurez.

Y eso es lo más duro. Duro de cojones.